Desde Buena Ruta ya estamos calentando motores para emprender nuestra siguiente aventura al país extraeuropeo más cercano a España. Sí, sí, tal como leéis: Marruecos es el objetivo de los viajes que realizaremos en Semana Santa. Así que id reservando vuestra plaza en El Atlas y el desierto de oro o en La ruta de las Mil Kasbash. ¡No os arrepentiréis!

Y ya que estamos hablando de un país con mucha variedad paisajística, hemos decidido dedicar el post de hoy a dos de los escenarios de Marruecos que consideramos más especiales. ¿Queréis descubrirlos? ¡Pues seguid leyendo!

Merzouga (dunas Erg Chebbi) y las Gargantas del Ziz

Para empezar, hablaremos de dos zonas muy cercanas, geográficamente hablando, pero con contrastes paisajísticos muy distintos.

Por un lado, tenemos el pueblo de Merzouga, situado en el sureste de Marruecos y considerado por los marroquíes como la puerta de entrada al desierto del Sáhara. Aunque, de hecho, lo que más nos llama la atención son las espectaculares dunas de Erg Chebbi, que pueden llegar a medir 150 metros de altura y que, a lo largo del día, combinan tonalidades que van desde el dorado hasta el naranja más intenso. ¡Es una pasada!

Viaje por Marreucos en autocaravana

Por otro lado, no muy lejos de Merzouga, nos encontramos con el Valle y las Gargantas del Ziz. No podemos dejar Marruecos sin adentrarnos en el espectacular paisaje formado por estos grandes cañones naturales de color rojizo y el inmenso palmeral  de más de 20 km de longitud que se abre paso a lo largo del valle.

La combinación del verde de las palmeras con la tierra roja de las montañas presenta una de las bellezas de Marruecos menos exploradas por el momento.

¡Un espectáculo que no os podéis perder!

Plaza Djemaa el Fna

Para terminar, hablaremos del que seguramente es el lugar más atractivo de la ciudad de Marrakesh, la Plaza Djemaa el Fna.

En el año 2001 la Unesco la proclamó Espacio cultural y en 2008 la inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¡Todo un símbolo! Y es que, al contrario que muchas de las plazas más bonitas de otras ciudades del mundo, esta no tiene ningún monumento que llame la atención de los turistas, sino que el verdadero atractivo está en la gente que se exhibe en la plaza y en sus costumbres.

Allí podemos encontrar personajes de lo más insólitos: encantadores de serpientes, músicos populares, cuentacuentos, arrancadores de dientes y mujeres tatuando con henna, además de charlatanes, predicadores y sanadores que vienen de los pueblos más lejanos a la ciudad, tanto del desierto, como de las montañas.

Durante el día hay mucha actividad y, en cuanto llega la noche, la plaza se anima de lo lindo. ¡Espectacular!

Es el momento en el que la comida se alza como la gran protagonista y la plaza se llena de carros ambulantes repletos de olores y sabores. El cuscús, los buñuelos y las cabezas de cordero asadas son las estrellas.

Y una vez terminado el día, nada mejor que reposar en uno de los cafés que rodean la plaza. ¡Os encantarán! Hacednos caso.

Al volver, sabréis que habéis conocido la esencia de un maravilloso país en menos tiempo de lo que jamás os hubierais imaginado. ¡Os esperamos con muchas ganas!

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