Si al llegar a Rumanía alguien os saluda al grito de ‘Hristos a Inviat!’, no hay duda, os encontráis en época de Pascua. Lo que os están diciendo es ‘Cristo ha resucitado!’ a lo que vosotros deberíais contestar ‘Adevarat a Inviat!’ o lo que es lo mismo ‘Verdaderamente ha resucitado!’. Y es que la fiesta de Pascua es una de las más celebradas en Rumanía, donde todavía hoy persiste un fuerte sentimiento religioso. No os sorprendáis al descubrir que su celebración de la Pascua puede ser desde una semana a un mes más tarde que nuestra Semana Santa. La razón es muy simple:

Mientras que en España acostumbramos a celebrar la Pascua de la tradición católica, que se rige mediante el calendario gregoriano, en Rumanía la mayoría de la población es ortodoxa, y por lo tanto, sigue el calendario juliano

Eso sí, la movilidad de los calendarios provoca que las dos festividades coincidan una vez cada siete años. Sea este el caso o no, hay algo que nunca cambia: en Rumanía, el gran protagonista de esta fiesta es… ¡el huevo!

Los huevos pintados, escondidos o de chocolate son un elemento común de la Semana Santa en muchos lugares del mundo, pero en Rumanía, los huevos pintados se han elevado a la categoría de arte. Tanto es así, que hay artesanos especializados en pintar los huevos, que se venden durante todo el año como regalo o como suvenires para los turistas. Y en Pascua todo el mundo se convierte en artista y coge los pinceles para tintar los que decorarán su hogar. Lo más usual es que se pinten de rojo, para conmemorar los huevos que llevó la Virgen María al Monte Calvario cuando fue a visitar a su hijo crucificado, y que se tiñeron de rojo por la sangre de Cristo. Pero la tradición ha ido evolucionando y hoy en día también pueden ser amarillos, morados y azules, y tener motivos tan dispares como la cruz, el sol, la luna, plantas, animales o incluso trajes tradicionales.

¿Y qué harán en Rumanía con estos huevos? No se trata simplemente de elementos decorativos. Todo lo contrario, el huevo pintado es un elemento activo de la fiesta y no uno cualquiera, sino el protagonista de una de las tradiciones más divertidas de estos días. Se trata de lo que se conoce como chocar los huevos o la batalla de los huevos, que consiste nada más ni nada menos que en brindar tu huevo con el de otra persona. El que tenga la cáscara más frágil se romperá. Si ese es el tuyo, debes saber que eres el perdedor de la batalla y que por lo tanto, deberás comerte tu huevo cocido y el de tu oponente. Un castigo bastante apetecible, ¿no crees?

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