Con el nombre de La Ruta de las Mil Kasbash se conoce, en el sur del Alto Atlas, el viaje en autocaravana por una serie de fortalezas Kasbash. Todas ellas construidas en adobe, con torres almenadas y adornos de ladrillo crudo, donde en ocasiones son auténticos pueblos fortificados. Recorrer el sur de Marruecos en autocaravana transporta a los viajeros a fabulosos paisajes donde perderse y, poco a poco, encontrar mil maravillas por descubrir en autocaravana.

La ruta se sitúa en un paisaje espectacular en el que el desierto y la montaña se encuentran, conjugando todos los tonos del ocre y el rojo, los ríos crean desfiladeros que se transforman en fértiles valles o en oasis con verdes palmerales, un viaje en autocaravana que te fascinará.

Si las antiguas Kasbash seducen con su poder de evocación, el paisaje conmueve por la fuerza de sus contrastes, su luminosidad y el silencio que inunda el alma de paz y sosiego, por lo que esta ruta en autocaravana es una de las más atractivas y solicitadas de Marruecos.

En el Gran Sur, donde la arena intenta invadirlo todo, los oueds (ríos) forman un camino que reseguimos en nuestras autocaravanas. Entre vergeles, campos, palmerales y rosaledas, sus orillas desatan una larga cinta fértil.

En este viaje en autocaravana nos cruzaremos con los oueds Draa, Dades y Ziz. Los paisajes se suceden y crestas ennegrecidas, cañones de escarpadas paredes que se abren sobre un campo verdeante y, por todas partes, emergiendo de un palmeral, encaramadas sobre una roca rojiza o delante de un lago de color esmeralda nos encontramos con suntuosas kasbash, maravillosas ciudades de tierra de una gran belleza.

A nuestro paso por los valles del Draa, del Dades y del Ziz, encontraremos una naturaleza asombrosa.

El Valle del Dades

Nacido en el Alto Atlas, el río Dades alimenta una serie de oasis, como estuches que guardan las Mil Kasbash del valle que recorreremos en autocaravana. Las laderas desérticas de la montaña llegan hasta el verdor creado por el río que se abre paso a través de los gruesos bloques calcáreos.

El valle se estrecha y surgen paredes de vértigo, hemos llegado a las gargantas del Todra.

El Valle del Draa

A sólo un paso del desierto, la naturaleza despliega todos sus colores y olores. Dátiles amarillos cuelgan de las palmeras, matorrales de adelfas exhibiendo flores de un color rosa resplandeciente, montañas pardas, son colores beige y grises que surgen de una tierra color ocre. De tanto en tanto, apreciamos Ksars (castillos de adobe) en el horizonte. El más importante, el Ksar de Aït Benhaddou, es un impresionante castillo de arena posado sobre un campo de almendros en flor; es tal la magnificencia de Aït Benhaddou que fue elegido.

El río Draa va labrando su lecho hasta Agadés, y al llegar al valle del Draa da vida a una espectacular franja de oasis de 200 km.

El Valle del Ziz

Resulta impresionante ver como el río Ziz excava su curso en impresionantes acantilados, desde el Rich y en dirección sur, donde riega el inmenso palmeral de Tafilalet hasta perderse en las arenas de Taouz.

En el Valle del Ziz, el agua marca la ruta hacia el desierto: en un principio apreciamos un espectáculo impresionante donde el agua talla impetuosamente la piedra calcárea, estamos cruzando las gargantas del Ziz; más adelante, el río crea un largo corredor que bordea altas palmeras. Finalmente, al llegar a la presa Hassan Addkhil, forma una vasta alfombra de color esmeralda y en sus riberas las mujeres hacen su colada a la sombra de los albaricoques.

Menudo vértigo… ¿Qué valle te ha gustado más?