Cuando pensamos en un viaje por Marruecos, nuestra mente suele imaginarnos en dos escenarios: regateando en búsqueda de tesoros escondidos en un zoco y perdidos entre un mar de dunas. Y no es de extrañar que sea así, ya que el país se ha convertido en la puerta de acceso más popular al Desierto del Sáhara, el ecosistema árido más extenso del mundo. Argelia, Túnez, Mali, Mauritania, Libia, el Chad, Egipto y Sudán son países que también forman parte de la superficie del Sáhara, un desierto casi tan grande como China, al que la mayoría de visitantes llegan a través de suelo marroquí.

Se trata de algo que no nos sorprende en absoluto; Marruecos se ha convertido prácticamente en nuestra segunda casa y sabemos que es un lugar fascinante que embruja al viajero. Un hechizo que se multiplicará si éste pasa algunas horas en el desierto, y que será imposible de deshacer si duerme una noche bajo su cielo.

Pero el Sáhara marroquí se presenta con multitud de imágenes, todas distintas entre sí, pero todas de una belleza extrema.

El Desierto d’Agafay

Muy cerca de la turística Marrakech, a tan sólo 30 quilómetros de distancia, nos encontramos con el Desierto d’Agafay o Desierto Marrackhi. Este paisaje único de piedras blancas esconde en su interior el que ha recibido la denominación popular de “oasis encantado”. Se trata de un auténtico refugio de vida en medio de la inmensidad árida, un lugar tan silencioso como maravilloso que esconde una flora muy diversificada (eucalipto, olivos, viñas…) y donde viven una gran variedad de especies animales como por ejemplo tortugas o ranas.

¡Nosotros os proponemos visitarlo en dromedario, caballo o incluso, alquilando un helicóptero!

Desierto de Merzouga

Para los amantes de leyendas ancestrales, el desierto de Merzouga es el sitio ideal. Dicen los antiguos pobladores de esta zona, que está parte del territorio marroquí fue convertida en desierto por castigo divino. Según la tradición local, en esta zona vivían ricas familias que fueron castigadas con la furia de Dios, quién sepultó su pueblo bajo una tormenta de arena. Sea o no cierta esta historia, lo que es indudable es que el desierto de Merzouga ofrece unos paisajes espectaculares entre los que destaca la duna más alta del país, se trata de Erg Chebbi, una duna de nada más y nada menos que 150 metros de altura y 22 quilómetros de longitud.

Desierto de Merzouga

Muy cerca de aquí, los más curiosos podrán también descubrir otro paisaje irreal: las antiguas minas abandonadas del desierto de Hamada.

Desierto de Zagora

Este territorio consta de más de cuarenta quilómetros de dunas que se extienden entre Chegaga y Foum Zguid y que pueden llegar a medir hasta 40 metros de altura. Se trata de las dunas más grandes de esta región, localizables al oeste de M’hamid (Zagora) y cercanas a Erg Chegaga: el último pueblo bien comunicado de esta parte del desierto. En este mismo territorio de M’hamid se esconde un oasis maravilloso: el oasis de Oum Lâalag. Se trata de un espacio sagrado para los habitantes del desierto, que encuentran en él una preciada reserva de agua. Y como no podía ser de otra manera, aquí tampoco falta el toque mágico, y es que como dice la leyenda, un alma protectora vive allí velando el descanso de los viajeros.

Desierto de Zagora

Este oasis se extiende sobre quince hectáreas y se encuentra a pocos quilómetros de la frontera argelina. Actualmente, parte de la zona se ha convertido en reserva natural dedicada a la protección de la fauna y de la flora y a la reintroducción de algunas especies desaparecidas.

Palmeral de Taghjijt

Ubicado en las montañas Bani, esta parte del paisaje marroquí está poblada por una familia del pueblo saharaui conocida como los Ait Brahim. Disfrutad del palmeral visitando el mercadillo que cada jueves montan entre los restos del antiguo zoco, y visitad los restos de la medina en la que todavía viven algunos lugareños.

Y así podríamos seguir hablando, y hablando, y hablando… durante horas, y es que son muchas las joyas del desierto. Pero como dice el famoso proverbio árabe “El desierto no se cuenta, ¡se vive!”, así que no lo dudéis y animaros a descubrirlo.

Nosotros estaremos encantaros de serviros de anfitriones. ¿Te apuntas?