Desde hace unos años, Marruecos se ha convertido en la nueva Meca de los viajes en autocaravana. Viajar a Marruecos en autocaravana es sinónimo de buena ruta, cultura local, tradiciones ancestrales, buena comida, paisajes inagotables, desierto y gente amable, sensaciones que no se encuentra en muchas ciudades europeas. Puede parecer un país pequeño, ideal para una escapada de 9 o 10 días, pero es posible exprimirlo al máximo si sabes donde llegar y que hacer; ya que también es un destino ideal para recorrer tranquilamente en una Gran Ruta de hasta 30 días.

Viajar a Marruecos en autocaravana es una experiencia amplia en sensaciones, y es que quién va allí, casi siempre termina volviendo… Ciudades Imperiales con carácter, personalidad y una acento medieval inconfundible. Zocos, Kasbash, Gargantas naturales, palmerales, desiertos… Un país que siempre parece dispuesto ha quedar bien en las fotos. Enfoca la cámara, dispara y poco más que tendrás una fotografía digna del mejor fotógrafo del National Geographic.

Te invitamos a conocer este país norte africano con las 5 cosas que hacer en Marruecos, viajando en autocaravana. Disfruta de un tiempo por sus calles estrechas, admira la belleza del momento que se detiene delante tuyo, párate también y conocer sus costumbres y, por supuesto, a su gente!

1. Sentarse en la plaza Jemaa el Fna de Marrakech y disfruta de un té a la menta mientras se pone el sol

La mayoría de los lugares ineludibles se encuentran en el recinto de la ciudad antigua. La Koutoubia, la plaza Jemaa el Fna y la Menara son los lugares simbólicos de Marrakech. La plaza Jema el Fna es el corazón palpitante de la ciudad. Clasificada Patrimonio Oral e Inmaterial por la UNESCO debe su fama a su espacio, su multitud y su ambiente.

Peatonal, es uno de los lugares de encuentro y espectáculo, con tenderetes y puestos que ofrecen comidas y bebidas. Sobretodo por la noche, cuando comienza la fiesta en Jema el Fnaa, es un punto de reuniónque enlaza con los cafés-terrazas que la rodean.

Aquí se puede encontrar a narradores, astrólogos, acróbatas y los famosos Gnaouas que vibran y saltan al ritmo de sus castañuelas metálicas llamadas krakachs.

2. Recorrer los zocos de Fez y visitar el barrio de los curtidores

Fez es pasado, es presente, donde los zocos participan en la vida de la ciudad. Se organizan gremios. El zoco Attarine es uno de los más animados de Fez. Esta calle comercial está limitada en cada extremo por dos monumentales puertas de madera que se cierran por la noche. Antaño, el zoco estaba especializado en la venta de productos de medicina tradicional. En el zoco el-Henna, se venden desde hace siglos artículos de cosmética (ghassoul, jabón negro, khol, agua de rosas, henna). El zoco Tillis es famoso por sus alfombras, el barrio Nejjarine por su ebanistería y los latoneros de la plaza Es-Seffarine ofrecen platos cindelados, teteras y otros artículos en hierro, cobre y plata.

Por la mañana se impone una visita al barrio de los curtidores (tenería Chouwara). Esta tenería se compone de varias fosas llenas de diferentes tintes, donde se trabajan las pieles para la producción artesanal del cuero, vaca o cabra. La vista panorámica de estas tenerías recuerda las paletas de los pintores.

3. Cruzar el Atlas en autocaravana

Variedad de paisajes impresionante; la vertiente norte es muy arbolada con encinas, tuyas, cedros y enebros rojos y la típica vegetación de altura en los niveles más altos. Tiene hermosas cascadas. La vertiente sur está poblada por vegetación esteparia en algunos picos del Gran Atlas se pueden admirar las nieves perpetuas ¡al lado mismo del desierto! El Anti Atlas está situado en paralelo al Alto Atlas y presenta formaciones rocosas de gran belleza, y a sus pies crecen bosques de arganes, especie arbórea endémica de Marruecos de hoja perenne. El Alto Atlas es el macizo más elevado de Marruecos. Su pico más alto, el Jbel Toubkal, alcanza los 4.167 metros de altura. Forma una inmensa barrera de aproximadamente 750 km y ofrece la posibilidad de descubrir los abruptos flancos que ocultan bajo sus pliegues fértiles valles, el lugar ofrece múltiples excursiones por los paisajes preservados, poblados de pájaros y monos.

Las montañas del Medio Atlas se extienden a través de 350 km entre el Rif y el alto Atlas. su gran biodiversidad, sus fuentes, soberbios lagos y encantadores pueblos las convierten en un lugar privilegiado para el trekking. Es el reino de los seculares bosques de cedros, cerezales, huertos y viñas… Una de las regiones más agradables y diversas de Marruecos.

4. Pasear por las calles azules de Chefchouen

Con un relieve muy accidentado y verdeantes flancos salpicados de almendros, que se hunden directamente en las aguas del Mediterráneo, El Rif, preservado y auténtico, posee un encanto singular. Todos los placeres de la marcha y la escalada pueden combinarse con los placeres del baño y el descubrimiento de ciudades de una belleza cautivadora, como Chefchouen.

Chefchouen, es una joya en bruto enclavada en las montañas rifeñas, este lugar tiene un sello auténtico con su vieja medina de casas blancas y azules. Fundada en el siglo XV por los árabes expulsados de España, el acceso a esta ciudad estuvo durante mucho tiempo vetado a los cristianos. Su importante patrimonio religioso cuenta con 20 mezquitas, 11 zaouias (escuelas musulmanas) y 17 mausoleos. La vieja ciudad fortificada, en lo alto, ha sabido conservarse, ya que los coches no pueden entrar en ella, dada la angostura de sus callejuelas. Desde esta ciudad pintoresca existe la posibilidad de realizar pintorescas excursiones.

5. Pernoctar al pie de las dunas de oro y vivir al ritmo de los tuaregs

Liberarse del estrés, descubrirse a sí mismo, tener un contacto con la naturaleza, vivir al ritmo de los hombres azules, en camello, a pie, en 4×4 o en quad, renunciar por unos días a las pequeñas comodidades para experimentar nuevas sensaciones, una verdadera aventura humana.

Nada como pernoctar una noche en el desierto para una evasión total. El desierto más grande del mundo, el Sahara nade al Sur del Atlas. El desierto de Marruecos es todo menos monótono. En las puertas del desierto puedes realizar varias excursiones, completadas con visitas a cooperativas locales, conciertos entorno a las fogatas, descubrimiento de platos locales… Para ir más lejos, una excursión en dromedarios te permitirá vivir al ritmo de los tuaregs, los hombres azules del desierto.