Mama asturiana y papa navarro, ambos del 1978. Formados académicamente en la Historia, la Música, la Biología y la Química. En 2012 nació nuestra hija Éire y comenzamos a escribir el blog, en la red no existía casi información sobre cómo viajar con niños en furgonetas. Compartimos nuestras escapadas y nuestros pequeños trucos del día a día. No necesitamos hacer reservas en hoteles o depender de horarios de transporte, restaurantes... La furgoneta nos da la libertad de poder improvisar y cambiar la ruta si hace falta.

De buena mano, es un espacio de opinión libre donde damos voz a las personas que están detrás del autocaravanismo y el caravaning.
La Furgoteta

Viajando en familia desde el primer mes de vida

De niños viajábamos con nuestros padres; nunca viajes sofisticados y la mayoría de las veces, tirando de tienda de campaña o caravana. En esos viajes familiares por España, Portugal, Italia, Francia… aprendimos a disfrutar de la preparación de la ruta, de la ruta en sí misma, del destino y también de la vuelta a casa para contarles a nuestros amigos todas las cosas que habíamos descubierto. Y ahora que somos padres queremos regalarle a nuestra hija esa misma oportunidad. No sabemos cómo va a ser ella dentro de 20 años, ni cuál va a ser su profesión; puede que incluso deteste viajar. Pero si así fuera, si no quisiera descubrir el mundo, que sea porque no le apetece, no porque no haya tenido la oportunidad de conocerlo y ni siquiera sabe todo lo que hay ahí fuera.

No tenemos reparos a la hora de utilizar cualquier medio de transporte para viajar; el autobús, el tren o el avión nos han permitido recorrer destinos como Argentina, Suiza o Vietnam. Pero sin duda, lo que más nos apasiona es coger nuestra furgoneta e improvisar si es necesario.

Durante el embarazo todo el mundo nos decía que el tema de viajar se nos había terminado al menos durante tres o cuatro años, pero a nosotros nos parecía que esa afirmación no tenía ningún tipo de fundamento. ¿Por qué no íbamos a poder viajar con nuestra hija desde el primer momento? ¿Qué impedimentos había que nosotros no éramos capaces de imaginar?

Y entonces, nuestra hija nació el 5 de febrero de 2012 en plena ola de frío siberiano y lo primero que le dijo su madre fue: “Ya verás qué bien nos lo vamos a pasar en la furgo.” Un bebé sano y unos padres dispuestos y decididos fue lo único que hizo falta para que antes de cumplir un mes Éire disfrutase de su primera noche en la furgoneta.

Con esa primera salida aprendimos muchas cosas y la más práctica fue que no es necesario llevar demasiadas cosas cuando viajas con un bebé. Si se acaban los pañales, podrás comprarlos en el primer supermercado que encuentres, no es necesario llevar paquetes como para un mes (que es lo que hicimos en esa primera salida para una noche).

Después vinieron muchos más viajes: el País Vasco, Francia, Holanda… y en cada uno de ellos aprendíamos algo de nuestra hija. Con cada escapada se desmontaba la teoría de que con niños no se puede viajar, que no disfrutas lo mismo, que no puedes hacer nada porque hay que respetar estrictamente sus horarios, que no duermen, que no comen… En fin, cuanto más viajamos con nuestra hija más nos damos cuenta de que nada de eso es verdad.

Es una pena encontrarte con parejas que antes de ser padres viajaban muchísimo con la furgo y una vez nace el bebé dejan de hacerlo. El niño tiene un año y nunca se han ido con él ni un fin de semana. El miedo a lo que pueda pasar les atenaza y dejan de disfrutar de algo con lo que antes disfrutaban enormemente. Para nosotros, que llevábamos varios años viajando como pareja, el hecho de hacerlo ahora con nuestra hija solo nos produce satisfacción y grandes experiencias.

Viajar con un niño es tan fácil o tan difícil como tú quieres que sea. No creemos que sea mucho más complicado que estar en casa. Es más, a nosotros nos resulta bastante más fácil. Hasta que Éire cumplió año y medio aproximadamente, nuestro ritmo de viajar siguió siendo prácticamente el mismo.

A partir de ese momento, hemos tenido que bajar un poco el ritmo, vemos menos cosas cada día que viajamos, porque ella ya tiene sus propias prioridades y nos sugiere actividades que hacer y cosas que ver. Las actividades que hacer pueden ser tirarse por un tobogán y las cosas que ver, un grupo de hormigas. Pero es una viajera más y debe disfrutar. Es de lo poco que tenemos claro: si un viaje con niños fracasa suele ser porque lo hemos organizado como si fuera solo para adultos. Si reservamos tiempos y espacios para los más pequeños y tenemos en cuenta sus necesidades, el viaje será un éxito para todos.

Y en ese sentido es verdad que la furgoneta nos facilita mucho las cosas: tienes la cocina siempre al lado, da igual cuándo le entre hambre a la niña. Tenemos todo el equipaje a mano, no hay que volver al hotel a por alguna cosa olvidada. La calle (o el campo), que tanto necesitan los niños para esparcir, está siempre a mano (normalmente la usamos de comedor). Nos podemos echar una siesta a cualquier hora y en cualquier lugar. Tenemos bebidas frescas siempre a mano (a nuestra hija le pierden los vasos de leche fría en cualquier momento).

En fin, que si tienes niños, sal cuanto antes y deja tus miedos en casa, que no los necesitas. Y si viajabas en furgoneta (o autocaravana), más motivos para lanzarte ya mismo a la aventura.

Seguro que tus hijos disfrutarán tanto o más que vosotros.

María, Heber y Éire